The Florida Project (2017)

Niños en el cine. Habitualmente un lastre que, si bien pueden tener un efecto poderoso, tiende a resultar empobrecedor para el resultado final. ¿Cuántas veces no se nota que el cativo en cuestión no entiende lo que está pasando en la escena o, simplemente, no consigue transmitir la emoción correcta? No es culpa suya, claro. Los pobres críos bastante tienen con aguantar a todos los adultos que les dicen dónde sentarse, a dónde mirar y qué decir cuando ellos preferirían ver Bob Esponja en la tele y comer chuches como (debería) marca la ley. No culpo a los niños, apenas a sus directores… lo considero irremediable.

Así me enfrento a The Florida Project donde me presentan el mejor trabajo de cine infantil (que no para niños) que he visto en toda mi vida… probablemente por el mismo motivo por el que las demás fracasan. Dudo mucho que los niños de la película entendieran del todo lo que estaba pasando y desde luego nadie les había explicado el guión. Mi sensación es que al menos la mitad de lo que se les ve en pantalla es au naturel, como un documental guiado por una intención narrativa. En ocasiones se nota, pero eso sólo mejora la película, de alguna manera. Es extraño.

La cuestión es que unos niños en la pantalla nunca me habían transmitido una emoción tan sincera y cuando llegado el final me entró la convicción de que algo terrible estaba a punto de pasarle a la niña protagonista, una presión fortísima me aplastó el pecho y sollocé como un niño durante una pesadilla, de puro pavor anticipado. No es un spoiler, por cierto, pues sólo ocurrió en mi cabeza y en mi corazón… si quieres saber cómo acaba realmente, tendrás que verla.

Es una película sobre la vida infantil y la vida adulta y cómo muchos se quedan atrapados a mitad de camino. El papel de Halley (Bria Vinaite), la madre que no supo hacerse adulta, y de Bobby (Wilhem Dafoe), el manager/protector de una comunidad de desesperados y perdidos, dan la solidez a una película que no tiene miedo a mostrar el mundo desde las arenas movedizas de unas infancias borrascosas. Ambos hacen unos papeles por los que merecen ser recordados.

Sin apenas argumento, en un escenario inolvidable pese a su mediocridad aparente, te cuentan lo que ocurre ante los ojos cerrados de todos nosotros junto a la ciudad de los sueños infantiles.

 

 

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