Reservoir Dogs

La noche pasada acudí al pase de Reservoir Dogs en el (terrible) Cine Capitol con motivo de su vigésimoquinto aniversario, gracias a la iniciativa de los voyantes Sunset Cinema. Debía ser la séptima vez que la veía, la segunda en versión original y la primera en pantalla grande. No es ninguna novedad, pero tengo que decirlo: es una gran película, con momentos estelares, detalles excelentes (ese paquete de tabaco caído), un final potable y actuaciones dramáticas memorables. El casting es para enmarcarlo (salvo el mediocre Tarantino que hubiera sido mejor que le diera su papel a algún buen actor de reparto baratito) y en su conjunto no se puede sino recomendar la película.

 

Salvo por su fotografía.

 

Lo siento muchísimo por el señor Sekuła, sin duda un gran director de fotografía como sus posteriores trabajos demuestran, pero que en este su debut en la dirección de luces y cámaras para una película “de verdad”, consigue resultados discutibles. Planos desenfocados (sin intención artística) están espolvoreados entre tomas magníficas en las que los tres colores fundamentales de la película (el rojo, el blanco y el negro) subrayan el drama de Tarantino. Se abusa de cabezas borrosas en la escena de la cafetería, pero la dinámica circular que acompaña al diálogo funciona y deja claro que toda la producción está al servicio del libreto. Momentos después llega la mítica escena de los místeres pistoleros caminando hacia sus coches en una cámara lenta entrecortada, que me resulta desagradable y forzada, pero que todo el mundo adora así que tendré que callarme.

 

¿Lo peor? Que alguien le regaló un Dióptero Partido (Split Diopter) y nadie le impidió utilizarlo en esta toma:

 

Qué feo, qué sucio y sobre todo qué manera de distraer la intensidad de una escena que es el aftershock del mayor crescendo de la película (dejando en evidencia a la escena final). Esa frontera tan obvia, tan sucia entre la izquierda y la derecha, cuando un cambio de enfoque acompañando a la mirada del policía y centrándose en el Señor Naranja, hubiera funcionado perfectamente. Mucho mejor incluso. ¡Todo por poder mostrar a la perfección esa triste nuca recién salida de la peluquería! ¡Ni siquiera por el gore de la oreja cortada! Aún si hubiera sido por la gloriosa nuca con tirita de Marsellus Wallace se entendería.

 

Si algún experto en cinematografía y/o fan rabioso quiere demostrarme que me equivoco se lo agradeceré. Me encantaría poder quitarle peros a esta, por lo demás, excelente película. Ahí abajo está la sección de comentarios.

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