Los protas de acción no son lo que eran.

He visto (bueno, parte la dormí) hace poco John Wick y, además de aburrirme mortalmente, me ha hecho pensar (!). Me he dado cuenta de que lo que atrae al público juvenil ha cambiado mucho desde que era adolescente en lo que se refiere al genéro de acción.

Cuando era joven los protagonistas de estas películas de acción eran gentes sencillas, de gustos bastos, emociones claras, motivaciones cercanas y carisma abundante. Eran capaces de hazañas imposibles y las balas les esquivaban como sólo puede pasar con los héroes cinematográficos, antes y ahora, pero vestían, hablaban y se comportaban como adorables zarrapastrosos, como borrachines de bar con corazón de oro y cargadores infinitos en sus pistolas. A veces tenían pasados siniestros que pesaban sobre sus consciencias, pero no estaban dominados por esas tendencias. Además, normalmente eran graciosos.

Hoy día, me parece, el concepto ha dado un giro fundamental. Los nuevos protagonistas de las películas de acción son cool en el peor sentido. Visten con clase, a menudo con trajes a medida y camisas borgoña. Su pelo, sus patillas, sus tatuajes, están todos ajustados a una imagen de revista, de videoclip. Conducen coches fardones, usan la tecnología más puntera, sus casas son de diseño y sus emociones son de bote. Como James Bonds psicópatas.

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Cuando yo era un chaval los héroes pegatiros era de clase más bien obrera o baja, con cultura justita, ropa barata y medio rota y las ideas muy claras. Hoy, parecen modelos y hasta sus pistolas parecen seguir la moda. Antes disparaban cuatro tiros y maldecían tirándose detrás de la cobertura más cercana sobre cristales rotos. Hoy avanzan sin pestañear repartiendo headshots y pateando culos como si fueran coreografías de artes marciales.

Todo esto refleja un cambio de postura del público, más que de la industria. Los chavales (al menos los chavales americanos, pues hablo del cine de hollywood) están cada vez más orientados a lo que se aparenta más que a lo que se es. Es más importante tener y lucir, que ser y sentir. No quieren ver a chapuceros valientes que salvan el día a base de pelotas y confianza. Quieren máquinas de matar perfectas, limpias, sin emociones ni apenas motivaciones, y sobre todo muy superficiales. Antes la industria usaba estos personajes para vernder marcas de cerveza barata o tabaco, vicios de clase obrera, ahora coches de lujo y marcas caras.

Sin duda el regusto amargo del truño de John Wick afecta a este artículo pero me parce que el público ya no quiere héroes cercanos y falibles y, para mi, es una pena.

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